El Carnaval de Río adquirió un toque internacional esta semana con la llegada de Sarah Jessica Parker. Recientemente anunciada como embajadora global de Tanqueray, la marca de ginebra de Diageo, la actriz llegó a Río de Janeiro para su primera experiencia en el Carnaval de Brasil. Su destino es el Baile da Arara, donde participa como invitada especial de la marca, que está expandiendo su campaña global lanzada a principios de este año en Brasil. Pero más allá de la estrategia de marketing, fue su elección de vestuario la que terminó dominando la conversación.

En el exclusivo Baile da Arara, una de las fiestas más codiciadas del calendario carnavalesco en Santa Teresa, Parker apareció con un vestido largo verde esmeralda que combinó dramatismo, identidad y guiños culturales.
El diseño, firmado por la dupla brasileña Isabela y Chica Capeto, destacaba por su silueta fluida y caída ligera, que acompañaba el movimiento con naturalidad. La pieza no apostó por el exceso de brillo típico del Carnaval; en cambio, optó por elegancia sofisticada con detalles bordados a mano.
Lo más llamativo fueron las frases en portugués bordadas sobre la tela, entre ellas “Não aos atalhos fáceis” y “Não abrir mão da minha essência”. Los mensajes –que apelan a la autenticidad y a no tomar atajos fáciles– aportaron un componente narrativo al look, convirtiéndolo en algo más que un simple vestido de gala.
El tono verde no fue casual. En el contexto de la campaña con Tanqueray, el color dialoga directamente con la identidad visual de la marca, conocida mundialmente por su botella verde. La coherencia estética entre vestuario y estrategia comercial fue evidente, aunque ejecutada con sutileza. Parker completó el conjunto con accesorios discretos, permitiendo que el protagonismo recayera en la pieza central. El maquillaje fue natural, con piel luminosa y énfasis leve en los ojos, mientras que el cabello suelto aportó frescura frente al clima tropical.

En una ciudad donde el Carnaval suele apostar por el exceso visual, Sarah Jessica Parker eligió un camino distinto: elegancia con mensaje. Y esa decisión, lejos de perderse entre plumas y lentejuelas, terminó brillando con luz propia.

